El niño desobediente

Publicado en Niños - abril 2014

La  obediencia o la desobediencia esa piedra de toque de educadores y padres. Si los padres dan ordenes inadecuadas, se muestran  inconsistentes, si hoy dicen al pequeño/a una cosa y mañana otra, según el humor que ese día tengan, si imponemos demasiadas prohibiciones , si constantemente agobiamos la niño/a, si los padres no están de acuerdo y discuten delante del niño, es difícil que aprendan a obedecer. La causa más frecuente por la que los niños desobedecen es una mala práctica pedagógica y unos padres inconsistentes. En muchas ocasiones la desobediencia no es más que  un medio que el niño usa para llamar la atención o puede servir para protestar por unas normas excesivas y severas.

Si las familias fueran conscientes de los avisos que envían a sus hijos/as en un solo día se asombrarían “pero cuantas veces tengo que decírtelo” “estas sordo” “no me oyes” te he llamado 20 veces”, Cuantas veces tengo que decirte las cosas”…

Las continuas llamadas hacen que el niño se vuelva insensible a lo que se le pide, se da cuenta de que le dedicamos mayor atención y eso le gusta. Se está reforzando la conducta indeseada con esta forma de actuar no conseguirá que el niño/a   obedezca.

Si el niño es pequeños y le cuesta obedecer podemos establecer una señal o juego;  una palmada, una palabra secreta, un chasquido de los dedos, este signo o señal lo utilizaremos para  que el niño entienda que cuando esa señal está en marcha, es el recordatorio de  aplicar las reglas acordadas previamente.  No podemos creer que el niño obedezca espontáneamente hasta que no haya establecido y asimilado ciertas normas. Por eso se necesitan ayudas como la señal secreta. Este juego  enseña a los padres a no utilizar siempre el recurso del sermón.  El niño tendrá que obedecer a la tercera vez como máximo, para poder ganar en el juego que hayamos establecido.

Es necesario enseñar al niño sus progresos para ello deberemos anotar sus pequeños éxitos, además de reconocérselos verbalmente. Podemos anotarlos en un cuaderno, con pegatinas de colores, en el calendario con dibujos, en una hoja realizada para ello…etc. Debemos partir de una situación real y no esperar  grandes éxitos desde el primer día, pero es importante que los pequeños progresos se vayan reconociendo.

El premio por haber obedecido  durante una semana puede ser;  decidir qué comer, a donde se va  a pasear, a que se juega, que programa podemos ver…..todo esto se habrá acordado de antemano. El éxito dependerá de persistir  y trabajar  hasta conseguir que el niño obedezca, de la imaginación para motivar al pequeño y de ser consistentes, también los adultos deben de cumplir las reglas establecidas.