El duelo

Publicado en Adultos - mayo 2013

Es la pena que produce la perdida  personal; divorcio, salud, trabajo, amistad, o muerte de una persona querida. Se manifiesta mientras el dolor por la pérdida está presente.

El duelo se manifiesta siguiendo una fases que no son muy distintas de unas personas a otras. No tienen porque presentarse en el orden que aquí se describen:

Negación y aislamiento: Esta etapa del proceso, permite amortiguar el dolor y asimilar la pérdida, se presenta más marcada cuando es una noticia inesperada. Se reconoce por el “no puede ser” “no lo puedo creer”,  “no es posible”  etc.

Ira: Se piensa que la pérdida fue injusta, se presenta rabia, envidia y resentimiento, se presenta muy marcada al terminar relaciones conflictivas de pareja; suele haber quejas por todo, además de muchas lágrimas, culpa y vergüenza. Si te relacionas con una persona en esta etapa, no respondas con más ira.

Negociación: Se busca llegar a acuerdos para superar la separación, pueden ser con la persona de quien se separo, consigo mismo, con Dios (si la persona profesa alguna religión).

Depresión: Se presenta cuando ya no se puede seguir negando la pérdida, la persona se debilita, se siente mal, triste o intranquilo; este estado es generalmente temporal y es preferible que se apoye a la persona a superarlo, al permitir a la persona expresar su dolor y buscar una forma de llevarlo a cabo la aceptación final llegará prontamente.

Aceptación: No se debe  pensar que esta es una etapa desprovista de sentimientos, es, más bien, una etapa en la que se acepta la pérdida y se asume que se debe seguir sin aquel o aquello con quien se ha roto el vínculo, es en esta parte del proceso en la que se llevan a cabo introyecciones que permiten el aprendizaje de la relación que acaba de terminar, además de incorporar nuevos fines, intereses y relaciones a la vida.

El duelo patológico. El proceso que sigue el duelo, generalmente es  lineal, sin embargo, se puede convertir en un duelo patológico, es decir, que en el duelo patológico, la reactividad emocional es exagerada y por un tiempo más largo (mayor a un año de la pérdida) que en el duelo normal, sin lograr la elaboración de las etapas impidiendo la incorporación de nuevos fines, relaciones e intereses y con recuerdos intrusivos, tanto diurnos como durante los sueños, que provocan reacciones de estrés (insomnio, hormigueo, ansiedad, llanto, etc.).